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14 feb 2019

El hombre del madero


Fue amor a primera vista, amor sin buscarlo, amor verdadero.
Apenas lo vi, supe que se iría conmigo el hombre del madero.

Estaba tan solo, sin visitas, sin familia, sin un amigo.
Recostado sobre un montículo frío, sus ojos suplicaban abrigo.

Al cruzarse nuestras miradas, sentí piedad por ese hombre desvalido.
Batiéndose entre otra vida y otra muerte, temiendo ser agredido.

Pese a su dolorosa apariencia, era el humano perfecto.
Y era, para mi vida imperfecta, el insuperable complemento.

Con gesto dulce y un hilo de su aliento, mi nombre pronunció.
En medio de la gente distraída, solo yo advertí su voz.

Fijé, entonces, mi vista en su rostro y recorrí con profunda compasión
cada milímetro de su cuerpo tieso, pero vivo, y escuché su corazón.

Pálida la tez, lívido su torso delgado, a exhibir cicatrices condenado.
Sin la mínima vergüenza, tomé su mano y caí de rodillas a su lado.

El peso del mal humano cargaba sobre sus hombros y encorvaba su espalda.
Sin embargo, no había quejas, ni reproches, ni rencores… nada.

Vino a mi mente la imagen de ese hombre deambulando sin parar
hasta ser arrojado y olvidado entre la peste de algún muladar.

Me sentí tan pequeña y a la vez tan decidida a amar.
Pregunté su precio. “Es basura”, me dijeron. Respondí: “lo llevo igual”.

Con lágrimas en los ojos, abracé ese cuerpo mancillado,
besé su alma herida, los pies rígidos y su costado.

Desde ese día nos entendimos, vive en mi casa, duerme conmigo.
Para él, las primeras palabras del día y lo último que en la noche digo.

Cumpliremos veinte años juntos y hoy se ve diferente:
aunque en el madero sigue inmóvil, en mí lo siento moverse.

Todo empezó una fría tarde de aquel boreal febrero,
Cuando me entregué totalmente a mi Señor del Madero.

Señor del Madero:
Dejame secar tus lágrimas y que no sea yo quien te haga llorar.
Dame de tu corona la espina más aguda; que se clave en mi alma ante la injusticia de un niño hambriento, del sediento, del desnudo de ropa y de amor.
Dame la virtud de la caridad. Que imite tus brazos en la Cruz, dispuesta a extender mi mano a quien lo necesite.
Te quitaré los clavos de los pies cada vez que camine junto a mi hermano más pobre, y cuando cuide a un enfermo estaré limpiando las llagas de tu santo cuerpo.
Que pueda siempre ser un instrumento de tu amor. Que vea a mis semejantes con sincera humildad. Que lleve a otros el mensaje de tu Reino y que, por la Luz que recibí en mi Bautismo, pueda iluminar a los demás.
Dale, Señor del Madero, a esta pequeña sierva tuya, un corazón grande y bueno, capaz de amar aun a quien no la ame.
Que recuerde siempre que solamente tuyos son el poder y la gloria, que no pretenda más que lo que merezco, y que busque en esta tierra solo aquello que me acerque más a Vos.
Dame, Señor, la protección de tu Madre. Que Ella interceda por mí y por todos sus hijos para encontrar un día tu abrazo en el Cielo.
Dame, Señor, tu corazón… yo te doy el mío ¡porque en Vos confío!

Por: Zulema Aimar Caballero
zulebm@hotmail.com

14 nov 2015

Lesa humanidad

Bajo azotes de un odio que no se explica
se apagan los faros de la Ciudad de las Luces.
y como si fuera el caos de su Guernica
se desgarra en el pánico, se quiebra, sucumbe.

Estira sus brazos la mole de hierro,
contemplando a los hijos de la ciudad antigua;
sin poder abrazarlos ni quitarles el miedo,
solo llora a sus vástagos la gran parisina.

En las calles en llamas Dios se conmueve
ante una muestra patente de miseria humana;
sentencia a Luzbel encarnado en los crueles:
«No existe Dios que perdone conciencia malsana».

Pánico ardiente, impotencia, desconsuelo,
angustia, desesperanza, profundo dolor,
desnudez de ánimas que dejan su cuerpo,
nuevos mártires que irán a purgar solo horror.

Se ha inundado el cielo de pólvora fría,
Se han muerto los nidos de Les Champs Élysées
¿por qué es tan difícil la paz y la vida?
cualquier odio envenena, la guerra también.

Y en la triste escena del último acto
en la ciudad en vela, entre llanto y oración,
junto a Dios, de rodillas, sin voz y sin canto,
deja caer sus lágrimas el amado Gorrión.

Por Zulema Aimar Caballero
zulebm@hotmail.com

12 ago 2015

Decasílabo para Altaír

Lleva el viento prendido en su cuerpo
pisando firme el colchón de arena;
mira al frente con gestos afables
y me atrae su figura serena.

Siente en su lomo el calor humano
del jinete que toma las riendas;
es jinete, es amigo, es hermano
y es custodio de sus crines negras.

Bajo un cielo de algodones grises,
con andar elegante y ligero,
alza el cuello sintiéndose libre
y se apodera del picadero.

Y aquí viene iniciando el galope,
cortando el aire con su cabeza;
sin suplicarle permiso al viento
su andar alborota polvareda.

Porque confía en quien bien la lleva,
al talón del jinete obedece;
le susurra, la anima, la frena,
y la yegua feliz retrocede.

Y su paso hacia atrás, sosegado,
trae a mí remembranzas de un tango;
pies y manos sobre tierra seca
o marcando su huella en el fango.

Orienta sus orejas al cielo,
yergue el pecho, percibe, contempla;
y el entrañable sol le regala
un haz de luz que se filtra entre ellas.

Al soltarle las riendas camina
hacia mí, silenciosa y sumisa;
y ante el brillo de enormes luceros
le concedo una tierna caricia.

Me conmueve la paz que suscitan,
fundidos en un solo corazón,
los latidos de José, el jinete,
y la marcha de la jaca marrón.

A la voz que le indica el camino
dócilmente bornea su cuerpo,
y meneando las hebras traseras
sale al trote por verde sendero.

Oigo el eco de cascos golpeando…
sinfonía campestre que aviva
los acordes de los eucaliptos
que la esperan sobre la colina.

Entre aves y aroma de alfalfa
ella es luz, es color, es la brisa;
y es la paz de benditas mañanas
en que el tiempo transcurre sin prisa.

Por Zulema Aimar Caballero
zulebm@hotmail.com 


10 dic 2014

Apurate, burrito

Apurate, burrito, ojitos de almendra,
que el día se acaba y la noche se acerca.
No busques comida, resiste con fuerza
la alforja vacía y la tierra desierta.
No pierdas la calma, mi burrito bueno,
recordá a quién llevo oculto en mi seno.
Si subís la vista y mirás al cielo
tu cuerpo cansado hallará consuelo.
Te quiero, burrito, noble amigo mío,
refugio de heladas y cálido abrigo.
Ya no falta mucho, no te quedes dormido,
dejá que acaricie tu lomo curtido.
Orejas atentas, pelaje marrón,
caminá al compás de esta linda canción
que te canta mi alma y pronuncia mi voz
con palabras que escapan de mi corazón.
Apurate, burrito, ya no falta tanto,
podrás descansar a la hora del parto.
Te prometo que el cielo para vos será un manto
y los buenos pastores te darán frescos pastos.
Te digo un secreto, mi burro de miel,
me vence el cansancio y el dolor también.
Tiemblo de frío, de hambre y de sed,
pero no lo aflijas a mi querido José.
¿No ves ahora la palidez de su rostro
y las lágrimas que asoman por entre sus ojos?
La noche ha llegado y aunque teme por nosotros
es inmensa la fe que hace fuerte a mi esposo.
Ya no puedo, burrito, no puedo continuar;
ha llegado la hora, ¿quién nos ayudará?
Un pesebre que cobije al Niño y a su Mamá,
sólo eso pido, sólo eso y nada más.
¿Podés oírlo, burrito?, ¿podés oírlo llorar?
Los dolores se han ido y sólo siento paz.
Mirá la alegría de su santo papá:
Ha nacido nuestro Hijo para toda la humanidad.
Una estrella nueva brilla con intensa luz,
se ha posado en el pesebre en forma de cruz
y guía a los peregrinos que entre matas de orozuz
adoran al bendito Fruto de mi vientre, Jesús.

Por: Zulema Aimar Caballero
zulebm@hotmail.com

 

20 jul 2014

Me gusta cuando me besas

Me gusta, cuando me besas, sentir que me estás amando.
Tus labios cálidos, firmes, fogosos, alborotados
dibujan en los míos un amor eterno, tan eterno
como el tiempo sin tiempo de tu beso enamorado.

Tu boca se esconde y empiezo a buscarla
y descubro, de pronto, que la mía la atrapa.
La claridad de tus ojos destella un brillo de estrellas
y esos, tus dulces luceros, para sentirme se cierran.

Me gusta, cuando me besas, tomar de tu beso
la savia que nutre y encanta mi cuerpo,
la esencia que alivia, que conforta, que calma.
Y ardiendo de amor, encuentro tu alma.

Soy tan feliz sumergida en el mar de tus labios
que puedo tocar el cielo y comulgar con los astros.
Incluso en la despedida, me gusta cuando me besas
porque, aun cuando te vas, siento que no me dejas.

Por: Zulema Aimar Caballero
zulebm@hotmail.com

4 jun 2014

Es imposible

Es imposible no quererte…
si son tus ojos la luz del alba
y tu presencia la más bella puesta de sol.
Si no es lo mismo contemplar la luna llena
desde que lo hago pensando en vos.

Es imposible no quererte…
si sos el vencedor de mis lágrimas
el creador de mis más frescas sonrisas,
el conquistador de carcajadas
nacidas del corazón.

Es imposible no quererte…
si frente a una mirada tuya
se acaban mis secretos
y sólo permanecen ocultos
aquellos que compartimos los dos.

Es imposible no quererte…
si siento tu cálido abrazo,
tus manos dulces y tu consejo,
y aun cuando no estás a mi lado
mi alma sabe que no estás lejos.

Es imposible no quererte…
si sos fuente de vida,
manantial de esperanza
y una particular conjunción
del amor y la razón.

Es imposible no quererte…
si a pesar de todas mis falencias
tu corazón trastroca lo que percibe
y sos capaz de verme buena, perseverante y valiente
como nunca nadie me vio.

Es imposible no quererte…
si con una sola palabra tuya
los temores desaparecen,
se esfuman dolores y fatigas
y se abre paso mi descanso a través de tu voz.

Es imposible no quererte…
si mis ángeles te eligieron
para que no deambule sola
y para enseñarme a sembrar
aun en la tierra más estéril.

Es imposible no quererte…
Y es queriéndote que soy parte
de tu sonrisa, del brillo de tus ojos,
de alguno de tus sueños
y de tu feliz corazón.

Es imposible no quererte…
Tan imposible como que no me quieras vos.


Por: Zulema Aimar Caballero
zulebm@hotmail.com

3 nov 2013

Rima 51


Secuestraré tus ojos atrevidos…
cultivaré su brillo y su luz anidará en los míos
para ver lo que ves y mirar lo que miras.
Secuestraré tus dulces labios…
me refugiaré en ellos y dejaré que me embriaguen
con la miel de tu cariño y el sabor de tu pasión.
Secuestraré tus oídos tolerantes…
y los educaré en la percepción del eco constante
de los susurros más tiernos, de mis palabras de amor.
Secuestraré tu impecable sonrisa…
y dejaré que me contagies tu alegría,
esa que me hace feliz cada día.
Y, adueñada de tu cuerpo, te confiaré mi alma
y gozaré de la paz que prodiga tu pecho,
al son de los latidos de tu corazón satisfecho.
Y, apoyada en tu hombro, por milagro quedaré callada
ante el tentador sonido de una brisa suave,
el canto de la lluvia que tanto añoro o la dulce melodía de nuestro piano.

Por: Zulema Aimar Caballero
zulebm@hotmail.com


 

22 sept 2013

Rima 49

No importa si en este día
no me traés una flor.
Lo sabés, me gustaría…
¡a qué mujer no!
Una de aquellas, silvestres
que algún ave cultivó
o que una brisa atrevida
una noche fecundó.
O aquella que quedó sola
porque nadie la miró,
y pálida de tristeza
espera morir bajo el sol.
Una de abundante perfume
y de atractivo color,
que se destaque, soberbia,
con todo su esplendor.

No importa si en este día
no me traés flor alguna.
Si venís cuando oscurezca
serás pétalos de luna.
Si bajo su luz me besás
tus labios me perfuman.
Y es perfume que no acaba,
es aroma que perdura.
Si venís cuando oscurezca
no necesito flor alguna.
No importa si en este día
no me regalás una flor
porque mi mejor primavera
es recibirte a vos.

Por: Zulema Aimar Caballero
zulebm@hotmail.com


8 may 2013

Romance

Tronco de buena madera,
corteza que se hace mustia
con cada soplo de angustia
al partir la primavera.
Madera dócil y suave
que azota el sol del verano,
y es cada horqueta una mano
que firme abriga dos aves.
Que allí se nutren y crecen
afinan sus voces y cantan;
ríen, lloran, juegan, saltan
y de sol a sol aprenden.
Que llegaron una tarde,
huérfanas de amor y vientre,
buscando un árbol perenne
al que osaron llamar madre.
Y con abuso usurparon
lo que les daba mi pecho:
la savia que por derecho
exigieron y libaron.
Para el espíritu esencia,
vigor para todo el cuerpo
en otoño y en invierno
y en frías horas de ausencia.
Horas de pena y temores,
de Biblia abierta y cerrada,
de alegrías enterradas,
de rosarios y oraciones.
Horas de risa y canciones,
de tierna melancolía,
de vida realmente viva
y de eternas emociones.
Y entre ramas se transforman:
hoy son aves, mañana hojas
que el viento las tiñe rojas
y son flores que se asoman.
Y perfuman toda mi alma
con sonrisas en derroche
y al aparecer la noche
se silencian en la calma.
Y es por ellas que soy árbol
de raíces muy inquietas;
soy rama y tronco con grietas
mas sigo en pie año tras año.
Y dejo que me bendigan
lluvias, vientos y tormentas
y si la bendición es violenta
me apuntala una mano amiga.
Y soy luz, brazos y nido
dispuestos a dar calor,
a no abdicar al amor
y a no caer en olvido.
Y soy cuerpo con defectos
y soy alma con pecados
y soy la fe que ha triunfado
combatiendo fuertes vientos.
Y puedo ser sombra y piedra,
león como mariposa,
apasionada y generosa,
clavel, cactus o hiedra.
Y soy frondosa cobija
de dos frutos bien paridos
puros, del Cielo nacidos,
frutos del Cielo, mis hijas.
Y en la aridez más profunda
-y aún a mi edad madura-
mi fertilidad perdura
al saber que soy fecunda.

Por: Zulema Aimar Caballero
zulebm@hotmail.com

16 feb 2013

Rima 67

Mirarte es, sin duda, un placer divino;
los ángeles más puros me lo han concedido.
Placebo al que acudo, alimento asombroso;
elixir de los dioses que embriaga mis ojos,
cuando se extravían en el laberinto misterioso
de tan admirable corazón frondoso,
en los rincones de tu esencia impecable,
en las turbulencias de tu figura adorable.
Sos luz, voz, estallido, estampida,
y de esa encrucijada, dichosamente perdida,
no quiero ser rescatada ni encontrar la salida;
deseo que me atrapes y protejas mi vida.
A veces sospecho que sos de otros mundos,
navegante casual de mis mares profundos.
Anclaste en mi pecho tus labios ardientes,
sembrando pasión y aficiones fervientes.
No zarpes ahora, no te alejes de mi lado,
no esta noche que tanto te he amado.

Contemplarte es, sin duda, un placer divino;
las musas del aire me lo han concedido.
Hacia mí te trajeron en cometas envuelto
una tarde de mayo de río revuelto.
Ahora susurran que grite tu nombre
tu nombre de niño, tu nombre de hombre.
Y mi garganta sangra ante demente pedido,
pues gritar tu nombre parece prohibido.
Temo que un numen se enfade conmigo
y quiera ocultarte en un hueco de olvido.
Por eso mañana, cuando el sol asome,
los duendes descansen y el cielo se dore,
y sin importar sucumbir vanidosa
al ver que la brisa se torna celosa,
que las aves conjuran, tal vez, envidiosas
y conspiran fulgurantes las mariposas,
saldré, felizmente, a contarle al viento
el amor que te guardo, el amor que yo siento.

Por: Zulema Aimar Caballero
zulebm@hotmail.com

2 feb 2013

Cielo

Más cerca de Dios,
más lejos de los hombres
y más cerca de Dios.
Con la mente por fin clara,
con el alma por fin limpia,
con el cuerpo por fin sano, y al fin cenizas.
Entrando a una atmósfera desconocida,
poseyendo los astros del cielo infinito,
sintiéndome, entre ángeles, bienvenida.
La espera se esfuma en la espera,
el abismo se pierde en el abismo,
todo es sustancia y nada es materia.
Pierdo mi humanidad,
temores, defectos, pecados,
dolores, fracasos, soledad.
Se congela por completo
la risa que enmascara el sufrimiento
y se acaba la tortura, el martirio, el tormento.
Más cerca de Dios,
más lejos de la Tierra
y más cerca de Dios.
Se han dormido los duendes de mis cuentos de hadas,
la figura azul del príncipe,
¡amor de mis amores! Amor sin esperanza.
Se silencia el mar y la luna se apaga,
se han dormido mis ojos y mis palabras…
en el umbral del Cielo es Dios el que habla.

Por: Zulema Aimar Caballero
zulebm@hotmail.com

23 ene 2013

Sin palabras


Perdoname, estoy llorando
y en cada lágrima estás vos,
y porque no puedo hablarte
es que le pregunto a Dios:
¿Por qué todas las cosas
son un día y otro no?
¿Por qué ayer tuve algo
que ya no tengo hoy?
¿Por qué sonreímos de a una
y no sonreímos de a dos?
¿Por qué no tengo palabras
para hacerle comprender
que no la dejo de lado,
que no la dejé de querer?
¿Por qué se acaba el silencio
y empieza el llanto a crecer?
Yo sé, Señor, es seguro
que hay algo que no está bien.
No sé si es tristeza,
no sé si es soledad;
aunque tal vez no sea cierto
siento que todo se me va.
Y me trago las palabras,
y me lleno de dolor,
¿por qué no puedo gritarle
que por ella siento amor?
Sería tan lindo decirle:
“Si vos no estás nada soy”
mas no me atrevo, se reiría
y tendría razón,
tal vez no me escucharía,
no le llegaría mi voz.
Señor, Vos sabés que yo la quiero
entonces, ¿por qué no me ayudás?
Cuando más quiero ofrecerle
es cuando le fallo más;
me equivoco, pido disculpas
y me vuelvo a equivocar.
Y me da tanta bronca
que creo que tuve maldad,
que se me nubla la vista
y me muero por llorar.
Pero, Señor, no me des vueltas
con esa historia de la edad.
Igual que yo es una niña
y nos parecemos de verdad;
queremos compañía
y sufrimos soledad.
Se pone celosa, canta,
ríe y se enoja a la par;
igual que yo es una niña
a quien no puedo ayudar.
¡Ay, Señor, estoy desahogada,
hoy sí dormiré en paz!
Siento que está a mi lado
y que no me dejará;
porque yo la necesito
como necesito tu pan;
porque necesito que me hable
para no sentirme mal.
Pero, Señor, ayudame,
pues no sé improvisar;
¿Cómo haré para decirle
lo que siento a mi mamá?


Por: Zulema Aimar Caballero
zulebm@hotmail.com

18 dic 2012

Cuando puedo tomar tu mano

Es tan hermosa la vida cuando puedo tomar tu mano,
cuando nada más existe en este universo complicado.
Y en tus ojos veo soles y estrellas que han anidado
para parir ese resplandor que tanto me ha fascinado.

A veces tímidamente me acurruco en tu regazo
o, desnuda de timidez, otras veces te arrebato
lo que quieras ofrecerme, lo que puedas ir sembrando…
tu ternura, una caricia, un beso secreto, un abrazo.

Es tanto lo que te quiero, que quiero vivir soñando
y despertar únicamente si abro los ojos a tu lado.
Y dejar que tú me cuides como yo te estoy cuidando…
Es tan hermosa la vida cuando puedo besar tu mano.

La alegría es más alegría y otro sabor tiene el llanto,
pues no existe soledad ni dolor que duela tanto,
el alma se regocija, el cuerpo está vivo y sano
cuando tú estás conmigo, sosteniendo mi mano.

Si Dios me diera valor para decir lo que estoy pensando
y pudiera detenerte cuando te estés alejando,
me acercaría a tu oído y te abrazaría confesando:
es tanto lo que te quiero... creo que te estoy amando.

Por: Zulema Aimar Caballero
zulebm@hotmail.com

4 oct 2012

Búscame para quererte

Tan solo una noche más
para anidar en tu pecho.
No importa cuál sea el lecho,
tan solo una noche más.

Solo un minuto de amor
que encienda un fuego eterno
y a este terrible invierno
de mi alma le dé calor.

Cuando tus labios acosen
cabellos, ojos, mejilla
y al llegar hasta la orilla
de mi cintura se posen

y embriaguen con dulce aliento
cada rincón de mi cuerpo,
que sin ti es material muerto
y vive cuando te siento.

Tan solo una noche más
porque temo que te alejes.
Necesito que te quedes
tan solo una noche más.

Porque quiero acariciarte
antes de la despedida.
Mañana será otra vida,
quizás tarde para amarte.

Si el deseo no es inerte
y tu espíritu es audaz,
tan solo una noche más
búscame para quererte.

Por: Zulema Aimar Caballero
zulebm@hotmail.com