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18 dic 2010

Mujeres descartables

    Dan todo a cambio de nada. De manera constante se brindan enteras, se juegan por aquellos a quienes aman, aun a riesgo de ser criticadas, juzgadas y condenadas con habladurías sin sentido.
    Ponen de manifiesto sus sentimientos con total sinceridad y luego quedan solas, esperando una palabra, un gesto, una carta, el eco de una voz que nunca llega.
    Con sus manos realizan las tareas más diversas, para ellas o para quien lo necesite, sin pensar en el maltrato que pueden sufrir sus uñas. Porque aunque las uñas no vuelvan a crecer fuertes, la satisfacción de haber sido solidarias permanecerá siempre.
    Con las mismas manos conceden las caricias más dulces y desean que perdure en sus palmas el perfume de quien han acariciado.
    Son capaces de cargar sobre sus hombros el peso de cualquier cosa, pese a que físicamente se sientan frágiles.
    Aquellas que, además, llevan en sus espaldas la carga de frustraciones y sueños no cumplidos, pero nunca dejan de soñar.
    Dan a luz sin haber concebido, y amamantan con ternura a sus hijos, porque aunque la leche no brote de sus entrañas, saben que los alimentará la miel de sus pechos.
    Sonríen para regalar alegría y luego se ocultan a llorar, heridas por la impiedad de los demás.
    Hacen frente a quien sea, defendiendo lo que creen justo; dan la cara por los ausentes cuando la chusma arremete con calumnias hacia ellos, aun sabiendo que más tarde serán blanco de murmuraciones ponzoñosas.
    Hablan con franqueza aunque eso les depare soledad, pues saben que, a la larga, perdurarán las relaciones basadas en espíritus francos y no en hipócritas.
    Cultivan y cuidan a las personas valiosas que llegan a su vida, y son conscientes de que velar por ellas no es sólo preocuparse por su bienestar, sino ocuparse de ellas.
    Reconocen la necesidad de afecto en los demás y dan su corazón plenamente, aunque nadie advierta la misma necesidad en ellas.
    Siempre tienen un “sí” en los labios, se comprometen y cumplen, sin esperar de otros el mismo compromiso.
    Evitan entrar en llanto ante cada “no” que reciben, sin perder la esperanza de que alguna vez su suerte cambie.
    Aprenden por cansancio que sus problemas y tristezas siempre estarán en segundo plano con respecto a los de los demás, porque están diseñadas para ser invisibles.
    Comprenden que su príncipe azul ya no llegará, pero no por eso dejan de soñar que alguien subirá una torre para rescatarlas.
    Saben que pueden ser dueñas de la siembra, pero no por eso les pertenecerá la cosecha.
    Viven tentadas por resignarse, pero triunfan cuando aceptan lo que no pueden cambiar.
    Al caer el sol, la mayoría de los días, guardan en su alma la sensación de haber sido usadas y, sin embargo, toman fuerzas para continuar dándose al día siguiente, intentando negar que se han convertido en material descartable.

Por: Zulema Aimar Caballero
zulebm@hotmail.com

17 nov 2010

Cuando todos se hayan ido

Cuando el color de tus mejores momentos se torne gris,
cuando guardes en tus labios el sabor amargo de lo que no pudo ser,
y mires hacia atrás recordando con nostalgia cada instante de tu existencia…


Cuando sientas que la pena destruye tus últimas esperanzas
y no puedas juntar fuerzas para detener el tiempo
en ese último segundo de inmensa felicidad…


Cuando ya no puedas encender luces, ni sonrisas, ni pasiones
y quieras que alguien te explique, y no haya explicaciones,
cuando la mano amiga traicione tu confianza…


Cuando te quedes inmóvil y no reconozcas tu sombra,
y desesperes, sin saber qué hacer, a quién acudir, por dónde buscar
y no puedas distinguir el principio del final…


Cuando ya no reconozcas la mirada fiel en aquellos ojos
y sientas que la vida se escurre como agua entre tus dedos
y no sea posible retener las gotas que escapan sin excusarse…


Cuando tus manos tiemblen y tus pies cansados ya no sostengan tu cuerpo
y sea menester redoblar el aliento para dar cada paso,
y el pecho se agite, pero el corazón lata más lentamente…


Cuando te mires al espejo y veas los surcos del tiempo
y sea tarde para cambiarlo todo y empezar de nuevo;
cuando sea imposible deshacerte de ese reflejo que te muestra la realidad…


Cuando creas haber conocido todo y nada te sorprenda
y dejes de sentir el perfume que tanto te agrada
y no te conmuevan las aves, las mariposas ni las puestas de sol…


Cuando abras los ojos y a tu alrededor nadie esté esperándote,
nadie contemplándote, nadie acompañándote,
nadie alentándote… nadie, nadie, nadie…


Cuando amanezca sólo para el olvido
y no haya savia que te nutra ni tutor que te enderece,
cuando nada te inspire y todo te agobie…


Cuando una dulce espera se convierta en agonía,
y nadie te llame y nadie te responda
y el silencio se clave en tus oídos como espina…


Cuando todos se hayan ido… allí estaré yo.
Con mis malas costumbres, mis celos, mis errores;
tomándote la mano, acariciando tu alma herida.


Cuando todos se hayan ido… allí estaré yo.
Recordándote que vives porque aún respiras,
devolviéndote la fe y las ilusiones perdidas.


Cuando todos se hayan ido… allí estaré yo.
Mostrándote la luz de un nuevo día,
aliviando tus pesares, proponiéndote otra partida.

Por: Zulema Aimar Caballero
zulebm@hotmail.com