Padre, que tienes…
párpados caídos y ojos extenuados,
el ceño fruncido bajo escasos cabellos canos,
los molares débiles, por el tiempo quebrados.
La voz temblorosa y trémulos los labios,
pálido el rostro surcado por los años,
la constante molestia de oídos apagados,
la frágil osamenta de un cuerpo agotado.
Piel de tortuga en tus agrietadas manos,
las piernas cansadas y los pies llagados…
Resucitaré tus ojos con una dulce mirada,
alisaré tu frente con una carcajada.
A quien me aceche atraparás con tu mordida afilada
y afirmarás tu voz cuando deba ser bien aconsejada.
Aquietarás tus labios con un beso en mi mejilla rosada,
esperando que acaricie tu rostro surcado por la añada,
y que repita, hasta que escuches, varias veces una palabra.
Endereza para mí tus huesos, pues así me habrás parado.
Si me rindo al luchar, muéstrame tus ajadas manos.
Y haz que nunca olvide que tus pies se han lastimado
por sostenerme en la carrera, caminando a mi lado.
Por: Zulema Aimar Caballero
zulebm@hotmail.com
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Todos los textos publicados en este blog son propiedad de Zulema Aimar Caballero. Prohibida su distribución y/o publicación sin la autorización correspondiente.
19 jun 2011
10 mar 2011
El día que me quieras
Acaricia mi ensueño el suave murmullo de tu suspirar
¡cómo amo la vida si pienso que un día conmigo estarás!
Y si cierro los ojos y en paz imagino que mío serás,
me sumerjo en la dicha y soñarte me anima.
El día que me quieras, el día que lo digas,
vibrando de alegría te dejaré pasar
al fondo de mis sueños, al centro de mi vida
y loca de emociones sólo tuya me harás.
El día que me quieras, el día que lo digas,
comprenderé en silencio el milagro de amar,
esperaré tus manos tomándome las mías
y envuelta en tus abrazos me dejaré llevar.
La noche que me quieras, la noche que lo digas,
bajo un millar de estrellas tu nombre gritaré,
atraparé tu cuerpo y lo cubriré en caricias
huyéndole a la luna que nuestra pasión codicia.
¡cómo amo la vida si pienso que un día conmigo estarás!
Y si cierro los ojos y en paz imagino que mío serás,
me sumerjo en la dicha y soñarte me anima.
El día que me quieras, el día que lo digas,
vibrando de alegría te dejaré pasar
al fondo de mis sueños, al centro de mi vida
y loca de emociones sólo tuya me harás.
El día que me quieras, el día que lo digas,
comprenderé en silencio el milagro de amar,
esperaré tus manos tomándome las mías
y envuelta en tus abrazos me dejaré llevar.
La noche que me quieras, la noche que lo digas,
bajo un millar de estrellas tu nombre gritaré,
atraparé tu cuerpo y lo cubriré en caricias
huyéndole a la luna que nuestra pasión codicia.
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