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20 jul 2014

Me gusta cuando me besas

Me gusta, cuando me besas, sentir que me estás amando.
Tus labios cálidos, firmes, fogosos, alborotados
dibujan en los míos un amor eterno, tan eterno
como el tiempo sin tiempo de tu beso enamorado.

Tu boca se esconde y empiezo a buscarla
y descubro, de pronto, que la mía la atrapa.
La claridad de tus ojos destella un brillo de estrellas
y esos, tus dulces luceros, para sentirme se cierran.

Me gusta, cuando me besas, tomar de tu beso
la savia que nutre y encanta mi cuerpo,
la esencia que alivia, que conforta, que calma.
Y ardiendo de amor, encuentro tu alma.

Soy tan feliz sumergida en el mar de tus labios
que puedo tocar el cielo y comulgar con los astros.
Incluso en la despedida, me gusta cuando me besas
porque, aun cuando te vas, siento que no me dejas.

Por: Zulema Aimar Caballero
zulebm@hotmail.com

14 jun 2014

El Mundial no tiene la culpa

Los comentarios acerca de la ceremonia inaugural del Mundial de Fútbol 2014 estuvieron impregnados de una crítica bastante ácida. Si bien ya se había anunciado que el espectáculo sería breve, tanto los periodistas asignados para cubrir el evento como el público en general, esperaban ser encantados por el despampanante brillo de la tierra de las grandes comparsas y la música alegre.
Sí; es cierto que quizás no sólo faltó presupuesto sino también creatividad. Es cierto que todos tenemos derecho a dar nuestra opinión. Pero ¡cuidado! Enojarse porque el espectáculo fue “demasiado austero”, “demasiado sobrio”, “demasiado simple” es olvidar que estas “deficiencias” son tres virtudes. Y es quitar la mirada de la difícil situación social por la que está transitando el mayor país del Mercosur.
Durante meses de disturbios, se ha escuchado más hablar sobre qué sucedería con y en el Mundial, haciendo de este el chivo expiatorio de los problemas de fondo que enfrenta la sociedad brasileña.
El Mundial de 1978 tuvo como sede a la Argentina. Los meses que lo precedieron fueron de grandes obras de ingeniería y arquitectura. Entre otras, se inauguraron autopistas y se renovaron totalmente estadios en las ciudades más importantes. La fiesta de apertura, para aquella época aún carente de la tecnología actual y dentro de las posibilidades de un país en desarrollo, no se vio ni austera ni sobria ni simple.
Los argentinos vivíamos inmersos en la fiebre mundialista con una gran sonrisa, al tiempo que la guerrilla implantaba su violencia y la dictadura del general Videla hacía desaparecer personas bajo el cemento de las obras que construía.
Las Juntas militares en este país se sirvieron de varios “mecanismos” que distrajeron la atención del pueblo del verdadero caos que estaba viviendo. En 1982 lo hicieron nada menos que con la Guerra de Malvinas.
Qué ocurrirá en Brasil después del Mundial —gane o pierda el campeonato— es difícil saberlo. Lo cierto es que las crisis sociales que se gestan en un país a través de años, reflejo de políticas erradas e indiferentes a las necesidades humanas, no tienen su caldo de cultivo en una fiesta deportiva, sea esta austera u ostentosa.
De la misma manera que un técnico de fútbol saca a su equipo a la cancha, son los gobiernos los que deben llevar a cabo a conciencia los cambios indispensables para que la pelota ruede hacia adelante, mirando hacia todos los laterales y sin lesionar a nadie en su camino.
 
Por: Zulema Aimar Caballero